Y bueno, acá estoy, una vez más en mi habitación, tendida en
mi cama, mientras afuera llueve y suena al fondo, en algún lugar una canción de
amor.
Sí, se supone que todo había cambiado, que al estar hecha
nada, evitar el amor a toda costa era la idea, se supone, o bueno, suponía, que
cerrar puertas y ventanas era la mejor opción para no dejar que nada ni nadie me
hiciera caer de nuevo, que nada me afectara, que ni la más mínima cosa o
circunstancia me hiciera derramar nuevamente una lágrima, que nada me lastimara;
pero no, una vez lo dije: “todo termina, todo cambia, todo se va” y una vez más
no fue la excepción definitivamente.
Ahí estaba, sin darme cuenta cayendo de nuevo al precipicio,
confiando en un completo desconocido, en alguien que llegó de la nada a ser
todo, llegó de lleno a cambiar esquemas, reglas e incluso rompió el muro que ya
había logrado edificar, así como si nada, como sólo él supo hacerlo, haciéndome
reír, haciéndome creer importante, queriendo saber más de mí, preocupándose,
pasando momentos cortos pero valiosos a mi lado, haciendo que de cierta manera
conociera más a fondo su vida, apoyándome, aconsejándome, estando ahí para mí, logrando
que fuese cursi, incluso, joder. Logrando que apareciera esa loca idea en mí de
que a lo mejor no todo en la vida es oscuro, de que luego del vendaval llega la
calma, de que se vale a veces irse de bruces contra el mundo, sí, así, brutos
pero decididos.
De cierto modo, se siente genial volver a sentir cosas que
creías perdidas en ti, de saber que aun creyéndote ser la persona más fría,
llega alguien a ayudar a cambiarte la vida, a volverla más bonita, más
interesante… es genial oír, leer, sentir, ese “me gustas” de alguien y experimentar
una serie de sensaciones que no puedes definir, exacto, un colapso límbico,
pero bonito.
Lo que no es lindo definitivamente, es que luego de eso, de
estar en la nube de Gokú gracias a esas dos palabras y todo lo demás, todo se
caiga, darte cuenta de que no todo era tan real como parecía, o al menos, como
lo creías, de que a esa persona aunque tú le gustes, no le interesa nada más,
de fijarte en que esta vez, ibas en el vagón del tren, pero ibas solo, y así
tenía que ser, de darte cuenta que una vez más, por lo que tanto luchabas para
que no volviera a pasar, está sucediendo de nuevo y sí, una vez más estás hecho
nada… pero es más cruel, analizar las cosas y darte cuenta de que la persona
que un día te dijo: yo no soy así, yo no te haría eso; es la misma que hoy,
está diciéndote: lo siento…
Es feo extrañar a alguien que tienes lejos, pero es aún más
feo, extrañar a alguien al que ves todos los días prácticamente, a alguien con
el que hablabas 24/7 y ahora simplemente, se alejó, no está...
Y duele, duele tener que verlo y no poder salir corriendo a
abrazarlo, a hablar con él, a tenerlo sentado a lo lejos en la cafetería cuando
antes estaba a tu lado, al verlo en la U, pero que siente al otro lado del
salón, a ver como toma tú mismo autobús y tener que hacer como si nada te
pasara, a verlo con otros, con otra; tener que aceptar que las cosas cambiaron,
a verlo como antes, como una vez lo hiciste, como un desconocido, un compañero
más, pero ahora, con varios recuerdos en tu mente, cada que se cruza por el
frente…
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