viernes, 2 de septiembre de 2016

Se suponía...

Y bueno, acá estoy, una vez más en mi habitación, tendida en mi cama, mientras afuera llueve y suena al fondo, en algún lugar una canción de amor.

Sí, se supone que todo había cambiado, que al estar hecha nada, evitar el amor a toda costa era la idea, se supone, o bueno, suponía, que cerrar puertas y ventanas era la mejor opción para no dejar que nada ni nadie me hiciera caer de nuevo, que nada me afectara, que ni la más mínima cosa o circunstancia me hiciera derramar nuevamente una lágrima, que nada me lastimara; pero no, una vez lo dije: “todo termina, todo cambia, todo se va” y una vez más no fue la excepción definitivamente.

Ahí estaba, sin darme cuenta cayendo de nuevo al precipicio, confiando en un completo desconocido, en alguien que llegó de la nada a ser todo, llegó de lleno a cambiar esquemas, reglas e incluso rompió el muro que ya había logrado edificar, así como si nada, como sólo él supo hacerlo, haciéndome reír, haciéndome creer importante, queriendo saber más de mí, preocupándose, pasando momentos cortos pero valiosos a mi lado, haciendo que de cierta manera conociera más a fondo su vida, apoyándome, aconsejándome, estando ahí para mí, logrando que fuese cursi, incluso, joder. Logrando que apareciera esa loca idea en mí de que a lo mejor no todo en la vida es oscuro, de que luego del vendaval llega la calma, de que se vale a veces irse de bruces contra el mundo, sí, así, brutos pero decididos.

De cierto modo, se siente genial volver a sentir cosas que creías perdidas en ti, de saber que aun creyéndote ser la persona más fría, llega alguien a ayudar a cambiarte la vida, a volverla más bonita, más interesante… es genial oír, leer, sentir, ese “me gustas” de alguien y experimentar una serie de sensaciones que no puedes definir, exacto, un colapso límbico, pero bonito.

Lo que no es lindo definitivamente, es que luego de eso, de estar en la nube de Gokú gracias a esas dos palabras y todo lo demás, todo se caiga, darte cuenta de que no todo era tan real como parecía, o al menos, como lo creías, de que a esa persona aunque tú le gustes, no le interesa nada más, de fijarte en que esta vez, ibas en el vagón del tren, pero ibas solo, y así tenía que ser, de darte cuenta que una vez más, por lo que tanto luchabas para que no volviera a pasar, está sucediendo de nuevo y sí, una vez más estás hecho nada… pero es más cruel, analizar las cosas y darte cuenta de que la persona que un día te dijo: yo no soy así, yo no te haría eso; es la misma que hoy, está diciéndote: lo siento…

Es feo extrañar a alguien que tienes lejos, pero es aún más feo, extrañar a alguien al que ves todos los días prácticamente, a alguien con el que hablabas 24/7 y ahora simplemente, se alejó, no está...

Y duele, duele tener que verlo y no poder salir corriendo a abrazarlo, a hablar con él, a tenerlo sentado a lo lejos en la cafetería cuando antes estaba a tu lado, al verlo en la U, pero que siente al otro lado del salón, a ver como toma tú mismo autobús y tener que hacer como si nada te pasara, a verlo con otros, con otra; tener que aceptar que las cosas cambiaron, a verlo como antes, como una vez lo hiciste, como un desconocido, un compañero más, pero ahora, con varios recuerdos en tu mente, cada que se cruza por el frente…